Acerca de Gabo y otras historias… Por @AnnaHesse

Gabriel García Márquz

Ana Carolina Barrón

Hoy dedicaré este espacio para hablarles de algo curioso, un comentario equis a la administradora de este blog @robotliterario se convirtió en un perfecto tema para hablar en esta entrada. Ese comentario fue que estoy a punto de terminar el libro de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Muchos se preguntaran: ¿apenas? Sí, apenas me digno a leerlo más por la presión social que otra cosa porque desde siempre se habla de ese libro y es referente en muchas cátedras de literatura que he tomado.

El libro del buen Gabo cayó en mis manos por casualidad, mis tíos se mudaban a otro estado e iban a tirar a la basura varios títulos entre los que alcancé a rescatar los poemas de Pablo Neruda, Jaime Sabines y un ejemplar de Cien años de soledad impreso en España en 1985 por Selecciones Austral, una copia en perfecto estado y con un olor exquisito a libro antiguo.

Entrando en materia, y poniéndonos en mood literato, cabe mencionar que el libro de Cien años de soledad es una joya por más “quemado” que sea este adjetivo para describir a un libro; en lo personal como escritora y lo poquito que he hecho (una novela y algunos cuentos) creo que es una tarea titánica crear un lugar tan creíble como el de Macondo hogar de los Buendía en dicho libro.

¿Por qué es sorprendente? Como escritor, en inicios es complicado “creerte” tus personajes porque para relatar y el lector te crea debes estar firmemente convencido de que existen y dejarlos ser; muchas veces los mismos personajes te van peleando su lugar en la historia y tu protagonista pasa a ser antagonista y tu personaje principal a secundario o viceversa.

Es como si los personajes tuvieran vida propia y por paranoico que parezco yo así lo creo. Es tan sólo ponerse en los zapatos del otro y dejarse llevar, es una tarea que a menudo se torna complicada porque no entiendes cual es el rumbo que tiene que tomar la historia, García Marquéz se nota lo tenía muy claro.

Para mí el escribir ha sido un proceso que ha llevado mucho aprendizaje en todos los sentidos, hasta en el personal porque en ocasiones tus mismas creaciones te hacen meditar acerca de la forma en la vives, piensas o si realmente disfrutas la vida o cosas así, igual cuando lees un libro, es sumergirse a un mundo desconocido y terminar conociendo a los personajes mucho mejor que a tu familia.

Otra cosa que me parece loable en la novela de García Marquez es la manera en la que juega con el tiempo; tiene todo fríamente calculado en el universo en el que se desenvuelven sus personajes y para mi eso es muy complicado para un escritor, es por eso que me quito el sombrero ante semejante clásico de la literatura.

Un aspecto que me parece relevante destacar, es lo que nos comentó el escritor Eduardo Antonio Parra en la cátedra de cuentística en Mazatlán en Agosto pasado, aseguraba que la novela de Gabriel García Márquez era un texto que nos hace entrar en un trance hipnótico, el texto tiene musicalidad y para ello la novela utiliza los endecasílabos. Parra nos decía que tan sólo una palabra mal colocada podía sacarnos de ese trance y que Gabriel García Marquéz lo sabe muy bien es por ello que cuidó con sumo detalle ese aspecto.

Otro dato curioso, si mal no recuerdo nos contó el escritor Elmer Mendoza en su taller de narrativa, que cuando García Marquéz le envía su novela a un editor no le alcanzó el dinero para enviársela completa y en vez de enviar del principio a la mitad envió al editor de la mitad al final de la novela por lo que el editor le giró dinero para que le mandara el inicio porque quería saber qué pasaba.

Cabe resaltar que todavía no termino de leer el libro, voy lenta pero segura y es que me embeleso con las palabras sin acabarlo puedo decir que es un libro que volveré a leer y que todo lo que me habían dicho de el es cierto, es una maravilla.

Mi peor enemigo: yo misma. Por: @AnnaHesse

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Parece gracioso pero hay cosas que pueden llegar a asustarnos tanto que nos pueden hacer retroceder y seguir con los planes.

Soy egresada y me apena decirlo pero todavía sido buscando chamba, estoy segura que no soy la primera ni la última que se ve afectada por esta difícil situación que nos obliga a pertenecer a un grupo social tan comúnmente detestado o quizás marginado llamado “ninis”.
El punto es que, en uno de mis ires y venires, decidí enviar mi solicitud a una conocida tienda de mascotas. En específico para el área de convivencia en la que los pequeñines entran y tocan a las mascotas, todo bonito y de maravilla, me gusta los niños, los animales y necesito urgentemente ese ingreso pero no contaba con tres inquilinos que me pusieron los pelos de punta…

Una tarántula cola roja, una víbora pitón y un escorpión emperador… No sólo suena aterrador, ¡en realidad lo son! Me asombré tanto que no quise tocarlos en la entrevista.

Me sentí muy triste, pues en estos momentos en que tengo tanta necesidad de un empleo creo que es una barbaridad haber dicho que no. Bueno, en realidad ya no regresé… me dijeron que si me animaba las puertas estaban abiertas y podría comenzar de inmediato.

El punto es… yo he vivido toda mi vida contenta y feliz ignorando mi miedo a estas criaturas de la naturaleza que verdaderamente no pueden hacerme algo malo debido a que son animales que son considerados como “domésticos” y por lo tanto están a la venta.

Creo que debí afrontarme a mi miedo y salir victoriosa, eso hace una persona sagaz. Pero hoy, bueno hoy me siguen sudando las manos con tan sólo imaginar la tarántula.

By: Carolina Barrón

Inés Arredondo: halo onírico de la generación de medio siglo. Por: @AnnaHesse

Terminé un curso estupendo de cuentística acerca de la generación de medio siglo en México, impartida por el escritor Eduardo Antonio Parra en la cual dimos un recorrido por la obra de dicha generación.

Según los teóricos una generación se da cada treinta años y los miembros de ella deben ser más o menos de la misma edad y tener similitudes en su estatus socio-cultural para poder considerarse una generación, esto se da en las artes tal como la escritura.

Los escritores que conforman la generación de medio siglo son Inés Arredondo, Juan García Ponce, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, José de la Colina y Juan Vicente Melo, entre otros.

En dicha cátedra leímos los mejores y más representativos cuentos de cada uno. En esta ocasión me gustaría hablar de Inés Arredondo, nacida en Culiacán, quien fue una gran cuentista y escritora. Sin duda una de las destacadas de su generación y con una prosa excelsa.

En sus cuentos prevalece una ambigüedad en la que siempre lleva al lector a pensar más allá. Siempre consciente de los significados que cada una de sus frases nos llevan a volar a un mundo de posibilidades.

Tiene una construcción de la atmosfera exquisita que hace sus cuentos muy coloridos y con algunos recovecos que lo hacen sumamente adictivos. Asimismo utiliza el recurso de la doble historia, que es lo que estas captando entre líneas y esto construye un doble fondo que atrapa.

Inés Arredondo sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Y es un gran ejemplo para los que queremos escribir (me incluyo). El mejor cuento de ella en mi opinión y varios compañeros del curso es Río Subterráneo.

Según el escritor Eduardo Antonio Parra sus mejores cuentos son:

Estío, La señal, La sunamita, En la sombra, Las mariposas nocturnas y Sombra en sombras. Ellos son una selección de sus libros. Por lo que recomiendo ampliamente el libro de Cuentos completos de Inés Arredondo de la editorial (FCE) Fondo de Cultura Económica.

Es una edición que vale verdaderamente la pena. Tal como se cita en la contraportada “Nada sobra en los cuentos de Inés Arredondo; siempre se percibe en ellos la medida exacta y la hondura de lo que ha nacido en el inminente necesidad de escribir”

Cuando decidan leer sus cuentos los invito a leer con detenimiento y dejarse guiar por la imaginación de la escritora ¿y por qué no? degustar una deliciosa taza de café.

Gotas de lluvia. Por: @AnnaHesse

Me encanta la lluvia. Siempre me ha gustado, adoro ver las gotas escurriendo por el cristal del auto, el olor a tierra mojada, los charcos y como el piso se va humedeciendo por pequeñas gotas ¡ah! Y ni se diga cuando veo llover en un lago y contemplo las ondas que forma en el.

Soy cursi, lo sé. A veces me conformo con una taza de café y un buen libro y si está lloviendo mejor.

Es tan fría y da felicidad a la vez. Me hace recordar cuando era pequeña y salía con mis primos a jugar bajo la lluvia, aquella época en que no había más preocupación que el juego.

Sin duda la lluvia trae consigo pedazos de nostalgia, inspiración y nuevos planes para mi vida actualmente.

En estos días de libertad (un mes aproximadamente) quiero integrarme a las clases de teatro o pintura. Estoy ansiosa por volver a hacer arte. Siempre me ha gustado y creo que desde que lo abandoné por un tiempo me volví más triste y quizás más solitaria, y no porque me hiciera falta estar rodeada de personas, sino porque no me he reencontrado conmigo misma desde entonces y de esa manera excelsa de dejar fluir las emociones decirle bye al estrés y dejar volar la imaginación.

¡Cuán empolvados están mis libros! Ya basta.

Cada día es una nueva oportunidad de vivir y ser feliz.

Después les cuento si me decido por la pintura, teatro, piano o a ver que se me ocurre. Pero nunca, nunca dejaré de escribir es parte de mi. Y bueno, sigo contemplando la lluvia con mi buen libro y el café sobre la mesa, con ese olor exquisito inundando la atmósfera.

La rueda de la vida

A menudo los hombres catalogan a las mujeres como cursis, pero ¿realmente esto es cierto o sólo es resultado del machismo impreso en los hombres? Y eso no exime a las mujeres , quienes gozamos con una dosis de feminismo aunque es menos mal vista debido a que somos consideradas el sexo débil a pesar de que es más o menos lo contrario.

Ante la sociedad, y a veces por compromiso, adoptamos conductas que son mero protocolo, un ejemplo son las bodas, una amiga se casó el mes pasado y me confesó de que lo hizo por la familia, pues ella ya tenía seis años viviendo con su novio y dos años de casados por el civil.

Sin embargo, decidió vivir el sueño dorado de la mayoría de las mujeres que es casarse de blanco; y por ende darle gusto a su familia, en especial a los padres y abuelitos. No digo que ella no quisiera casarse de blanco, sino que un factor importante fue el complacerlos, probablemente quería que fuera distinto, una boda más light y no tan llena de formalismo.

En la actualidad, hay muchas personas que son open mind pero hay todavía los que reprochan tajantemente muchos cambios ligados al rollo generacional y es que no entienden que son otros años y la vida que tuvieron fue distinta pero acabó. Bienvenido siglo XXI.

Y hablando de eso… nunca pensé que llegaría el momento en que los pensamientos de mis padres fueran tan distintos a los míos y que ellos hayan quedado atrás y yo avanzando junto a las novedades del siglo.

Un día, un amigo me dijo y lo tengo muy grabado: “Va a llegar un momento en que buscaras tu propia verdad, no la de tus papás o de tus maestros, tu propia verdad y en ese momento empezarás a vivir por ti misma y no para los demás”. Eso me lo dijo cuando tenía catorce años y él como dieciocho, por ello ya lo había vivido.

Recuerdo que en esa época leí “El lobo estepario” de Hermann Hesse, fue uno de los libros que me cambió la vida. Lo curioso es que no recuerdo bien lo que decía pero sé que después de leerlo cambió mi panorama por completo, su recuerdo es difuso hoy, a cinco años de haberlo leído. Eso pasa con los libros, años después nos dicen otra cosa completamente distinta.

El punto es que somos diferentes y muchas veces vivimos preocupados por el que dirán a pesar de que éste consejo sea un cliché es algo muy importante, el hecho de buscar nuestra propia verdad es algo que debe motivarnos cada día. El mundo es para los audaces, sigamos rodando en esta rueda de la vida.

Por Carolina Barrón

Emociones

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Recuerdo que cuando tenía cinco años, en la habitación de mis padres habían unos cuadros colgados cerca de la cama, uno era del puente de San Francisco, una fotografía tomada de noche y con luces rojizas quizás con algún efecto o tal vez del amanecer, no lo sabía.

A su lado, otros dos cuadros que formaban parte del mismo juego: uno de un tráiler pasando por la carretera oscura y sus luces desdibujadas, y el otro nunca entendí lo que era pero se parecía a una casa gris. Eran uno grande en forma cuadrangular y los otros dos eran rectangulares muy alargados y se colocaban a los lados del mas grande.

Estos cuadros, los contemplaba muy seguido, casi siempre que entraba a la recamara me quedaba largo rato mirándolos porque me causaban un sentimiento de nostalgia, tristeza y no me podía explicar por qué, tampoco nunca se lo dije a ellos.

Más tarde me di cuenta, y muy tarde porque ya los cuadros habían sido reemplazados en el eterno afán de remodelar la casa.

Los cuadros desaparecieron pero aún los recuerdo, tal  vez fue uno de mis primeros encuentros con lo que una imagen, una puesta de sol, un concierto de opera son capaces de producir en un ser humano, las emociones que transmiten y que hacen que uno se sienta eufórico, triste, emocionado o muy feliz y relajado.

Las emociones son parte del día a día, las sentimos cuando miramos a alguien, escuchamos música en cualquier momento. Es asombrosa la naturaleza del ser humano, que si para mi esos cuadros eran tristes para otra persona pueden resultar todo lo contrario.

Es por eso que ahora no compro cuadros tristes sino felices. Y eso que más tarde mamá, sin yo decírselo, prestó más atención a los cuadros que compraba para la casa. Adquirió un oleo de una pareja de pájaros muy románticos, pero abajo había como un abismo, o quizás era tierra porque estaban en unos árboles muy frondosos, de la forma que fuera, ella decidió decirle a un amigo suyo que es pintor que lo arreglara y colocara unas flores abajo. Y allí están en la sala la pareja de tórtolos aún sobre su campo de flores.

Por: Carolina Barrón

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La vida después de la universidad…

Quizás el momento más esperado de toda universitaria es la graduación. Pero la pregunta más importante de todo esto es ¿Qué sigue? A pesar de tener bien definido el rumbo hacia donde quieres dirigir tu vida, es muy común que nos sintamos “temerosos” por entrar a las ligas mayores llamada mundo real.

Sin duda la universidad es una etapa que nos marca de por vida. Es por así decirlo el último escalón para saltar a la adultez porque podemos empezar a trabajar y posteriormente decidir si queremos hacer una maestría, un posgrado o algún diplomado en el futuro.

Las primeras vacaciones de verano después de salir de la escuela no son las mismas… sabes que ya no regresaras a la uni y lo que sigue es tu ceremonia de entrega de papeles. Es todo un rollo emocional súper melancólico que te lleva a cuestionamientos como: ¿Realmente aproveché la escuela? ¿Estoy preparada? Todas estas inseguridades salen a la luz.

Lo que debo decirte es que no te sientas insegura, todo será un proceso en el que te irás haciendo a la idea de que es el momento indicado para demostrar tus cualidades, conseguir un empleo, hacer lo que más te gusta y probablemente hacer un plan de vida. ¿Por qué un plan de vida? Porque la mejor manera de dirigirnos hacia lo que queremos es tenerlo en mente y desearlo en verdad, tomar la actitud necesaria para lograrlo.

En mi caso, siento que la universidad pasó rapidísimo aunque en realidad fueron cuatro años, pero aun así cuando recuerdo como era en primer año de universidad me doy cuenta lo mucho que he ido madurando y aprendiendo a lo largo de mi carrera, por lo que me encuentro plenamente segura de que puedo salir al mundo y enseñarles de lo que estoy hecha.

No tengan miedo de salir de la universidad, es tan sólo un gran paso que todos daremos en algún momento y ¡Bienvenidos a la adultez!.

Por: Carolina Barrón