Empiezas por llamar para reportar el incidente, el estrés empieza a llegar cuando te enteras que puede tomar de 1 a 5 horas para que alguien venga a checar que pasó. No hay de otra, tienes que esperar…
Salen del cajón las velas que las mamás y las abuelas siempre guardan; linternas y lamparitas del metro hacen su aparición.
Te empiezas a dar cuenta que no puedes ver televisión, se esta haciendo tarde…
Tomas tu computadora… no hay Internet, el modem esta apagado… estrés a tí…
Bueno, das gracias por tu smartphone y el plan de datos carísimo de Paris… tuitteas, checas Facebook, youtube te distrae un rato… los de la compañía de luz no aparecen… se hace aún más tarde.
De pronto una alerta, Ups, a tu celular se le esta acabando la pila, menos del 15% indica la pantalla, lo dejas de usar por un momento, para ahorrar pila para más tarde.
Todos los miembros de la familia están en un mismo lugar, la platica empieza a surgir, se siente raro…
Vas al baño, claro con tu respectiva vela dentro de un vaso de vidrio. La desesperación empieza a aparecer, momento incómodo. Los de la luz siguen sin llegar…
Comes algo mientras ves el reloj, “ya se tardaron”, piensas, vuelves a tomar el teléfono, a la telefonista parece no importarle la urgencia, te dicen que el reporte está hecho, “otros vecinos también llamaron, no hay nada más que hacer”, sólo seguir esperando, cuelgas enojado.
Tratas de leer un libro, desistes déspues de un rato, dolor de cabeza para ti por forzar la vista, las lamparitas de 10 pesos no ayudan mucho.
La plática con los miembros de la familia es amena, no lo esperabas, algunos chismes de los que no tenías ni idea te mantienen ocupado, checas tu teléfono de vez en cuando… está muriendo.
Te preguntas ¿cómo le hacían hace miles de años cuando no había luz?, cuándo el día empezaba a las 6 de la mañana y acababa al oscurecer, aseguras que no hubieras podido vivir en esa época, ¡que difícil!
Finalmente te das por vencido y te pones la pijama, esta noche dormirás temprano, lo que nunca.
De repente, de la nada ¡pum! Todas la luces encendidas, tardas unos segundos en acostumbrarte a la claridad, el ruido de todas las televisiones está a todo lo que da, corres a buscar el control para bajarle.
Las velas se apagan y junto con las lamparas vuelven a los cajones.
Poco a poco todos se van a sus recamaras, la conversación se interrumpe, dices buenas noches y te vas a la tuya. Automaticamente le cambias de canal a la televisión, te recuestas en la cama, te estiras y pones a cargar la compu y obvio tu teléfono…
Das gracias por que finalmente llego la “luz” nuevamente, esperas que no vuelva a suceder pronto.


